Aquella tarde tenía en la agenda un particular evento. Era la presentación de un libro que un viejo amigo y compañero de profesión acababa de publicar. Recibí una copia dos semanas atrás junto con la invitación informal para asisitir al acto. Aunque apenas tendría tiempo para compartir mis impresiones con mi amigo y poder volver a tener una agradable charla con él, era una buena ocasión para volver a verle y al menos felicitarle en persona por el trabajo. Había decidido no perdermelo.
Aunque no se mencionaba nada en la nota, di por hecho que habría que asisitir medianamente arreglado. Odio los trajes, pero no tuve más remedio que hacerme a la idea y desempolvar uno del armario, uno de esos a los que recurres en ocasiones extremas como bodas, bautizos o entrevistas de trabajo. Si bien no hacía mucho frío, la tarde amenazaba con lluvia desde la ventana, por lo que tuve que añadir al conjunto una horrible gabardina color crema. Con un pequeño gesto de incomodez me despedí del espejo y partí hacia el hotel donde iba a tener lugar dicha presentación.
Alguna que otra cara conocida del periodismo y la literatura, pero no tanto ajetreo como imaginaba en un principio. Así estaba el panorama en el salón de actos del hotel madrileño. Unas cuantas sillas acomodaban a la mayoría de los presentes, a los que llegamos algo más justo nos quedaron las paredes como único punto de apoyo para hacer más llevadera la presencia.
Me quedé cerca de la entrada, detrás de la multitud no excesiva que ahora aplaudía la entrada en escena de mi amigo. Intenté buscar en vano su mirada para darle una sonrisa de apoyo. A mi lado había una joven bastante atractiva, intuí que de unos 25 años, con gesto firme y atento a las explicaciones que se daban.
Tratando de no ser descarado y mal educado, seguí fruenciendo el ceño simulando un excesivo interés y análisis de cada palabra que profería mi amigo, pero entrecortadamente, desviaba la mirada para escudriñar de reojo a la chica que tenía al lado. Vestía una camisa blanca bastante ceñida y con los dos últimos botones desabrochados; hacía calor en el salón. Me detuve un momento ahí para comprobar que su escote era generoso y a buen seguro escondía unos pechos grandes, sin llegar al exceso, y posiblemente muy bien moldeados. Mi mirada seguía perdida en la joven, bajando por los botones de su camisa hasta llegar a la falda, algo menos atrevida, con el corte un poco por encima de las rodillas, pero que igualmente dejaban ver unas piernas esbeltas y largas. Se adivinaba también bajo esa falda una preciosa cadera, por momentos mi respiración se empezó a agitar imaginando a aquella chica en mi cama, e incluso la idea de que ella era ajena a todos esos pensamientos y el hecho de no saberse observada de esa manera por mi me hacía distraerme aún más de las palabras del escritor.
La situación se vio cortada por un repentino arranque de aplausos. Parece que mi amigo había terminado su discurso y ahora tocaba escuchar la opinión de otro de los escritores invitados que iba a exponer su propia reflexión sobre el libro. Una vez volvió la calma y las palabras arrancaron de nuevo, mi mirada volvió a dirigirse hacia la chica. Parecía más próxima a mi que antes. Pude ver que sus labios dibujaban una sonrisa y cuando subí un poco más la mirada comprobé que sus ojos me miraban a mi, con cierto gesto de picardia en señal de que me había pillado, quizá desde el principio. Siguió con la sonrisa dibujada mientras volvía a prestar atención al ponente. Me sentía entre avergonzado y contento, al menos sabía que ella estaba centrando mi atención por encima del discurso, aunque quizá hubiera preferido que no lo hubiera captado así, con mi mirada recorriéndola mientras disimulaba.
Seguí prestando atención a la charla durante unos minutos, pero la curiosidad me venció y volví a mirar de reojo. Estaba seria, prestando atención, pero de nuevo, como si tuviera un sexto sentido, volvió a sonreir y se mordió ligeramente el labio inferior mientras lo hacía. Quedé hipnotizado por esos dulces labios, deseaba morderselos yo también. Y de nuevo giró ligeramente su cuello para dirigir su mirada a la mia, sin perder esa preciosa sonrisa sabiéndose ser mi centro de atención en ese momento. Contesté con una mirada directa y otra sonrisa, nerviosa, desde luego, pero haciendole ver que no me avergonzaba del todo que supiera que me quería acostar con ella en ese mismo instante.
Miré otra vez al orador, pero esta vez mi cabeza empezó a calcular que podría pasar a continuación. No quería dejar pasar la ocasión de conocer más en profundidad a aquella chica inquietante. Intenté esbozar cual sería mi próximo movimiento; tal vez invitarla a tomar algo cuando terminara la presentación, tal vez acercarme en ese momento y soltar algún chascarrillo...
Pero todo se vio al traste cuando se fue la luz en el hotel. Unos gritos primero y unas risas después invadieron el ambiente. La luz de emergencia del fondo iluminaba muy tenuemente la sala, pero hasta que las pupilas se acostumbraran, la penumbra era casi total. Empezó a haber movimiento, unos encargados entraron con linternas y explicaron a los presentes que la luz se había ido en toda la calle, que por favor mantuvieramos la calma y permanecieramos en el sitio para evitar caidas y daños.
Pasaron hasta 3 minutos de calma y algunos empezaron a levantarse y yendo un poco a tientas se encaminaron hacia la salida de emergencia quizá por aburrimiento.
Yo preferí esperar, imaginaba que en apenas unos minutos volvería la luz, y así mientras tanto podía seguir absorto en mis pensamientos sobre como "entrar" a aquella chica. Miré de nuevo a donde estaba y para mi sorpresa aparentemente había desaparecido. Mis ojos ya se habían acostumbrado a la penumbra y pude intuir como había una notoria ausencia de bulto donde tendría que estar ella. En su lugar, un poco más al fondo, había una sombra oronda que trasteaba con el movil. Desilusionado comencé a buscarla por todas partes, pero apenas podía distinguir quienes estabamos ahí. Alguien me tocó el brazo a mi izquierda, justo al lado contrario donde estuvo todo el rato mi objeto de deseo. Me giré y pude adivinar gracias a las vagas luces del fondo su cara.
- No has parado de mirarme de arriba a abajo. - Soltó de repente
- No no, era sólo curiosidad, por ver quien estaba a mi lado. - Contesté invadido por un repentino temor.
- Que pena, entonces me he debido equivocar de persona.
- Bueno espera... no, yo la verdad es que... bueno sí, te estaba mirando. Pensé que tenía practica en eso de mirar disimuladamente pero veo que no.
- No, la verdad es que lo haces fatal.
- Gracias. - Dije riendo nerviosamente.
Después me quedé unos segundos en silencio y continué.
- Había pensado que a lo mejor luego, cuando terminé la presentación, pues podíamos tomar...
Ella se acercó a mi oido.
-Shhhh, luego nada, ahora. - Y terminó con un leve mordisco en el lóbulo.
Sonrió sonoramente y no tuve casi tiempo en dirigirme hacia su boca. Mordí con frenesí esos labios que poco antes me hicieron perder la razón. Nuestras lenguas se buscaban con locura, rápidamente, pareciamos querer deborarnos cuanto antes. El murmullo de fondo seguía, abrí los ojos y me pareció entender que todos seguían a lo suyo, mirando al frente, toqueteando el movil, ajenos a todo. Al menos eso quise creer. Para cuando mi mano empezó a desabrochar su camisa no tenía otra alternativa que creerlo.
Me había dejado llevar por completo por una pasión descontrolada, sentía que aquella chica me dominaba y tenía las riendas. A cada paso que daba buscaba su aprobación. No era lo mismo besarse freneticamente en un rincón que sacar sus pechos y manosearlos. Pero ella respondía a todo con leves gemidos, su respiración se acelaraba y mordía mas fuerte mis labios, tirando de ellos, y cuando se escapaban volvía a atraparlos. Sus manos se habían metido bajo mi camisa y exploraban libremente mi espalda.
En esos momentos decidí tomar yo las riendas de la situación. La giré por completo y la dejé de espaldas a mi. Ella sonrió, aceptaba que tuviera de repente la iniciativa. Desabroché por completo su camisa y comencé a manosear aún más sus pechos. Eran tal como me los imaginaba. Perfectos, grandes sin llegar a ser exagerados, bien puestos, dibujando una curva perfecta. Imaginaba sus pezones grandes, no podía verlos, pero si sentirlos, cada vez más duros. Mi boca empezó a perderse por su cuello, sus orejas, su nuca... Ella gemía más, respiraba más fuerte, se giraba para buscar mis labios y yo se los regalaba. Se contoneaba mientras mi mano bajaba por su vientre. Me susurraba que siguiera a medida que me acercaba peligrosamente a su falda. Apretaba cada vez más su cadera a mi entrepierna y la movía peligrosamente.
Mi mano terminó debajo de su falda, comencé explorando la tela de sus braguitas a lo que ella respondió separando ligeramente las piernas. Mis dedos tuvieron vía libre para explorar su entrepierna, bordeando sus labios con la yema de los dedos. Notaba la tela mojada y su clitoris duro. Pasé el dedo sobre él y continué bajando hasta donde yacía toda la humedad. Comencé a hacer lo mismo, pero esta vez bajo la tela de la braguita. Su coñito estaba depilado, me encantó esa sensación de pasar los dedos sobre su áspera superficie. Deslicé un dedo desde el clitoris hasta el agujero, totalmente empapado y dispuesto a ser explorado. Sus gemidos eran cada vez más fuertes, separó más sus piernas y haciendo caso al ritmo del cuerpo introduje 2 dedos dentro. No podía dejar de excitarme pensando en que le estaba haciendo un dedo a una desconocida, introduciendome en lo más intimo de su cuerpo. El morbo que tenía era terrible. Seguí besando su cuello, y sus labios; una mano continaba magreando sus pechos, y la otra, con los dedos entrando y saliendo sonoramente de su coño. Con ese ruido típico de chapoteo que apenas era percibible por sus jadeos.
Levanté su falda y ella apoyó sus manos contra la esquina en la que nos encontrabamos. Arqueó su espalda y yo aparté ligeramente sus braguitas. Mi polla se posó en su rajita, sin llegar a meterse. La subí y la bajé un poco, humedeciéndola con sus flujos. Mi capullo se deslizaba suavemente entre sus labios. Y sin previo aviso se adentró profundamente, sin resistencia, llegó hasta el fondo en un movimiento limpio y lento. La saqué entera y la contemplé. Pese a que sólo podía divisar su silueta imaginaba como brillaría si hubiera luz gracias a estar totalmente recubierta con su flujo. Volví a introducirla, esta vez con una estocada más fuerte y más profunda. Comencé a acelearar el ritmo. Ella gemía más y más fuerte. Desde esta postura podía seguir apretando sus preciosos pechos. La gente no parecía estar percatandose de lo que pasaba. Seguían inquietos por la ausencia de luz, y el murmullo hacía que los gemidos cada vez más sonoros de la chica se ahogaran sin llamar la atención. Acerqué mi dedo a su boca y ello lo mordió y chupó frenéticamente mientras nuestras caderas se movian en una danza rápida y salvaje. El lugar, la situación y el ambiente no eran el más indicado para dar rienda suelta por completo a nuestra imaginación. Nos teníamos que conformar con aquel polvo salvaje en esa guisa, de pie y contra la pared. No había tiempo para investigar nuevas propuestas. El instinto animal nos dominaba y exigía que aquello no parara hasta el final.
Nuestros movimientos cada vez eran más furiosos, agarraba cada vez con más fuerza sus pechos y su boca practicamente devoraba mi dedo prisionero. Chupó con fuerza cuando sintió que iba a correrse. Se empezó a convulsionar freneticamente. Sus manos se contraían y arañaban la pared. Dejé sus pechos para agarrar su cadera con fuerza y tirar hacia mi, sin que pudiera separarse ni un momento de mi. Me incliné sobre ella, como un animal protegiendo a su cria, arropándola con mi cuerpo todo lo que pude, tensionando mis músculos y forzando mis gluteos a quedarse en lo más profundo de su cuerpo inmovil mientras su orgasmo daba los últimos coletazos. Saqué mi dedo, ligeramente dolorido por tanto mordisco y succión. Agarré sus caderas con las 2 manos y seguí moviendome lentamente, dejando que ahora el orgasmo me invadiera a mi.
"Córrete en mi boca cielo". - Fueron sus únicas palabras durante todo el ritual. Saqué mi polla y ella se giró por completo. Se agachó y abrió su boca por completo, introduciendose hasta el fondo mi polla, que ya empezaba a convulsionarse. Pude notar hasta la campanilla rozando mi capullo, era increible. La metía y sacaba por completo de su dulce boca. En un momento la agarró con la mano y pasó sus labios por el dorso para volver a terminar en la punta. La apretó con fuerza entre sus labios y dejó de nuevo que deslizara hasta su garganta. Fue en ese momento cuando exploté, mi leche empezó a brotar cuando se encontraba al fondo de su boca. La sacó lentamente mientras seguía recibiendo chorros periódicos. Hasta 3 eyecciones manaron dentro. La cuarta le chorreó los labios, abiertos de par en par para seguir recibiendo la leche que me estaba sacando a golpe del placer más animal. Se relamió y volvió a metersela buscando sacarme hasta la última gota.
Empezó a haber mucho movimiento en la sala, parecía que la cosa se iba a arreglar en cuestion de segundos. Nos percatamos y tratamos de volver a la decencia lo más rápido posible. Se levantó y recolocó su falda mientras yo me subía la cremallera. Cuando volvió la luz, aún se estaba abotonando la camisa, aunque la gente rompió en aplausos ajenos a lo que se había cocido en aquella esquina. Me miró y sonrió de nuevo, sin caer en la cuenta de una pequeña gota de leche que resbalaba timidamente desde una de las comisuras, único testimonio de lo que acababa de suceder. Le hice un gesto riendome, y ella pasó su dedo por la gota en cuestión y se la llevo a la boca, con esa permanente sonrisa perfecta que la caracterizaba.
Todo volvía a la normalidad y volviamos a nuestros puestos. Allí no había pasado nada.
- Entonces, ¿tomamos algo luego? Dijo mientras el famoso escritor continuaba su reflexión.
viernes 6 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


